sábado, 26 de diciembre de 2020

IDEA VILARIÑO.


 Eso.

Mi cansancio
mi angustia
mi alegría
mi pavor
mi humildad
mis noches todas
mi nostalgia del año
mil novecientos treinta
mi sentido común
mi rebeldía.
Mi desdén
mi crueldad y mi congoja
mi abandono
mi llanto
mi agonía
mi herencia irrenunciable y dolorosa
mi sufrimiento
en fin
mi pobre vida.
************************
Lo que siento por ti.
Lo que siento por ti es tan difícil.
No es de rosas abriéndose en el aire,
es de rosas abriéndose en el agua.
Lo que siento por ti. Esto que rueda
o se quiebra con tantos gestos tuyos
o que con tus palabras despedazas
y que luego incorporas en un gesto
y me invade en las horas amarillas
y me deja una dulce sed doblada.
Lo que siento por ti, tan doloroso
como pobre luz de las estrellas
que llega dolorida y fatigada.
Lo que siento por ti, y que sin embargo
anda tanto que a veces no te llega.
Idea Vilariño.

MIGUEL HERNÁNDEZ.


 Mis ojos, sin tus ojos.

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,
que son dos hormigueros solitarios,
y son mis manos sin las tuyas varios
intratables espinos a manojos.
No me encuentro los labios sin tus rojos,
que me llenan de dulces campanarios,
sin ti mis pensamientos son calvarios
criando nardos y agostando hinojos.
No sé qué es de mi oreja sin tu acento,
ni hacia qué polo yerro sin tu estrella,
y mi voz sin tu trato se afemina.
Los olores persigo de tu viento
y la olvidada imagen de tu huella,
que en ti principia, amor, y en mí termina.
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Me sobra el corazón.
Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,
hoy estoy para penas solamente,
hoy no tengo amistad,
hoy sólo tengo ansias
de arrancarme de cuajo el corazón
y ponerlo debajo de un zapato.
Hoy reverdece aquella espina seca,
hoy es día de llantos de mi reino,
hoy descarga en mi pecho el desaliento
plomo desalentado.
No puedo con mi estrella.
Y me busco la muerte por las manos
mirando con cariño las navajas,
y recuerdo aquel hacha compañera,
y pienso en los más altos campanarios
para un salto mortal serenamente.
Si no fuera ¿por qué?... no sé por qué,
mi corazón escribiría una postrera carta,
una carta que llevo allí metida,
haría un tintero de mi corazón,
una fuente de sílabas, de adioses y regalos,
y ahí te quedas, al mundo le diría.
Yo nací en mala luna.
Tengo la pena de una sola pena
que vale más que toda la alegría.
Un amor me ha dejado con los brazos caídos
y no puedo tenderlos hacia más.
¿No veis mi boca qué desengañada,
qué inconformes mis ojos?
Cuanto más me contemplo más me aflijo:
cortar este dolor ¿con qué tijeras?
Ayer, mañana, hoy
padeciendo por todo
mi corazón, pecera melancólica,
penal de ruiseñores moribundos.
Me sobra corazón.
Hoy, descorazonarme,
yo el más corazonado de los hombres,
y por el más, también el más amargo.
No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.
Miguel Hernández.

ALBERTO RUY SÁNCHEZ.

 


Déjame ser el lobo.

Desde el lado obscuro de tu piel
me iluminas.
Déjame ser el lobo
-sombra de sed y perro y hambre-
que entra en la noche
de tu cuerpo
con pasos humedos,
titubeantes,
por tu bosque incierto
-tu olor a mar me guía
hacia tu oleaje-
para tocar adentro
la luna creciente,
de tu sonrisa.
Déjame conocer
-con lengua incluso-
la obscuridad
más honda,
la más callada,
e invocar
con movimientos
repetidos
-rituales-
la luna llena
de tu cuerpo,
la que me lleva a ti
como si yo fuera,
en tus manos,
agua
que conviertes
en marea
iluminada.
Alberto Ruy Sánchez.

PABLO NERUDA.


 SONETO XVII

No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.
Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.
Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,
sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.
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SONETO XXVII
Desnuda eres tan simple como una de tus manos,
lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente,
tienes líneas de luna, caminos de manzana,
desnuda eres delgada como el trigo desnudo.
Desnuda eres azul como la noche en Cuba,
tienes enredaderas y estrellas en el pelo,
desnuda eres enorme y amarilla
como el verano en una iglesia de oro.
Desnuda eres pequeña como una de tus uñas,
curva, sutil, rosada hasta que nace el día
y te metes en el subterráneo del mundo
como en un largo túnel de trajes y trabajos:
tu claridad se apaga, se viste, se deshoja
y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.
Pablo Neruda.

CARILDA OLIVER LABRA.


 Guárdame el tiempo

Vuelves a renovarme el don perpetuo.
Otra vez eres ése
que me enseñó las señales del alba,
el que salvó una hormiga en el borde del vaso.
Vuelves para pedirme que reúna
la corte de los gatos,
que te ampare de aquel golpe en la nuca,
que te dé mi tristeza como un sorbo,
que te recorte alguna uña,
que me moje de ti,
que te alcance el café,
que no oscurezca,
que me case contigo esta noche otra vez.
Se nos quedaron muchas cosas sin hablar,
Necesitamos una cita,
porque
¿a quién le doy tantas caricias
que sobraron,
aquellas que olvidé ponerte sobre el pecho?
¿A quién le cuento
que he planchado, creyendo que era tela,
tu perfil de muchacho?
¿A quién convido ahora con mis piernas
y le enseño el jazmín que nació anoche,
y le pongo una abeja a que lo pique,
y le saludo la inocencia?
¿A quién le miento y juro,
a quién le tiro un pan contra la oreja,
a quién le digo que lo odio,
y luego, que lo amo?
¿A quién le digo hijo,
y me lo paso por dentro como un trapo?
Sé bien que estás metido en nuestros átomos,
que te mueves en ese aire que espantó estas páginas
que observas desde los retratos,
que te has caído hoy contra mi pecho
y para que seamos uno solo
hasta este propio corazón
me lo has parado;
sé que estoy muerta
soñando que te busco por el cuarto.
Guárdame el tiempo.
Guárdamelo.
Estoy segura de que puedes.
Así no ha de caer la luna
ni tendrás que morirte en la mañana
y el jueves será eterno
y te besaré siempre como el veinticuatro
de septiembre
de mil novecientos ochenta y uno.
Guárdame el tiempo,
guárdamelo.
¡Qué no pase ni un minuto,
que nada ciego nazca,
que no se invente un aparato de tortura
ni estalle otra contienda contra el hombre;
que no cacen más pájaros,
que no se malogre la pureza,
que vuelvas
a ser
y aquel esplendor tuyo se mezcle, poderoso,
a mis harapos!
Guárdame el tiempo,
guárdamelo.
Te lo pido con rabia,
con ternura,
con todo lo que no es palabra.
Para que siempre seamos lo estupendo:
hombre y mujer
girando,
nueva especie del mundo;
ya casi un milagro.
Pues me han salido en la cara tus ojos
y a ti en el rostro mi boca,
y no sé cuando te miro si eres tú quien me mira
ni cuando tú me besas
si soy yo quien te ha besado.
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Cuento
Yo era débil,
rubia, poetisa, bien casada.
Tenía deudas
y una salud de panetela blanca.
Hicimos una casa pobremente,
muchas ventanas:
para enseñar nuestros besos a las nubes,
para que el sol entrara.
La casa era tan bella
que tú nunca dormías.
Ya no eras abogado ni poliomielítico
ni nada.
Nunca dije:
¿cuándo vas a poner esa demanda?
porque yo tampoco
cocinaba.
Fueron días
como no quedan otros en las ramas.
Yo me empeñaba en sembrar algo en el patio:
tus gatos lo orinaban,
pero era tan feliz que no podía
decir malas palabras.
Ay, una tarde…
( Septiembre tomó parte en la desgracia ),
Ay, una tarde
( Dios estaría sacando crucigramas );
ay, una tarde
pusiste tantas piedras en mi saya
que desde entonces
ando inventándome la cara.
El cuchillo
tenía la forma de tu alma;
yo quería ser otra, hablar de las estrellas…
( sobraron noche y cama ).
Yo me empeñaba en sembrar algo en tu pecho:
tus gatos lo orinaban,
y era tan infeliz que no podía
decir buenas palabras.
arde en otoño.
Miré las sábanas amargas,
el jarro de la leche,
las cortinas,
y el crepúsculo me convirtió en su mancha.
( Yo era un clavel podrido de repente,
un canario botado ).
Con empujones que lo gris me daba,
entre temblores,
volví a la falda
de mi madre.
Pasaron tantas cosas
mientras yo me bebía la soledad a cucharadas…
Un viernes
-un viernes en que tu olvido me enterraba-
llegué a la esquina
de la casa.
Estaba allí como una tumba diferente,
se veía otra luz por las ventanas.
Tuve miedo de odiar…
(Ya era hasta mala).
Pasaron tantas cosas;
el tiempo fue cosiendo mi mirada.
Ahora no pueden asustarme con los truenos
porque la luz me alza.
Ahora no pueden confundirme con un libro.
Soy la palabra recobrada.
¡Ríanse,
agujas que en mi carne se desmandan;
ríanse,
arañas que me tejen la mortaja;
ríanse,
que a mí, también, carajo, me da gracia!
Carilda Oliver Labra.

CÉSAR VALLEJO.

 


Ausente

Ausente! La mañana en que me vaya
más lejos de lo lejos, al Misterio,
como siguiendo inevitable raya,
tus pies resbalarán al cementerio.
Ausente! La mañana en que a la playa
del mar de sombra y del callado imperio,
como un pájaro lúgubre me vaya,
será el blanco panteón tu cautiverio.
Se habrá hecho de noche en tus miradas;
y sufrirás, y tomarás entonces
penitentes blancuras laceradas.
Ausente! Y en tus propios sufrimientos
ha de cruzar entre un llorar de bronces
una jauría de remordimientos!
*******************************
Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita de junco y capulí;
ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita
la sangre, como flojo cognac, dentro de mí.
Dónde estarán sus manos que en actitud contrita
planchaban en las tardes blancuras por venir;
ahora, en esta lluvia que me quita
las ganas de vivir.
Qué será de su falda de franela; de sus
afanes; de su andar;
de su sabor a cañas de mayo del lugar.
Ha de estarse a la puerta mirando algún celaje,
y al fin dirá temblando: «Qué frío hay... Jesús!»
y llorará en las tejas un pájaro salvaje.
César Vallejo.

CUÁN HUMANO ERES?

Concierto de Woodstock, Nueva York, 12 de agosto de 1994.
Fotografía por Mark Reinstein

 " No me importa lo espiritual que seas. Ni cuánto tiempo puedes derretirte en la logia del sudor, cuántos viajes de peyote o ayahuasca  te han hecho volar la mente, cuántas dietas de plantas maestras has hecho o qué tan bien puedes sostener pose de cuervo.

No me importa qué planetas caigan en  las casas en tu carta de nacimiento, o qué tan " silenciosa " es tu meditación. No me importa cuántos cristales tengas o cuánto tiempo llevas sin azúcar, sal, especias o sexo o cuán vegana es tu dieta.
Quiero saber qué tan humano eres. 
¿Puedes sentarte a los pies del moribundo a pesar de la incomodidad? 
¿Puedes estar con tu dolor, o el mío, sin tratar de aconsejar, arreglarlo o mantenerlo? 
Quiero saber que puedes aparecer en la mesa sin importar lo brillante, alineado de chakra o completo que seas o no. 
¿Puedes tener un espacio amoroso para tus amados en lo más profundo de tu propia curación sin intentar ser grande?
No me halaga cuántos entrenamientos de curación en línea tienes, que vives en el desierto, bosque o en una cabaña de troncos, o que has dominado el arte del tantra.
Lo que me excita son las manos ocupadas, plantando raíces. Que a pesar de lo cansado que estás, haces esa llamada telefónica, abordas ese avión, amas a tus hijos, alimentas a tu familia.
No tengo interés en lo bien que puedes ascender a 5 D, viajar astral o tener sexo fuera de cuerpo. Quiero ver lo bellamente que te integras en la realidad ordinaria con tu magia única, cómo encuentras la belleza y la gratitud en lo que te rodea, y cómo de presente puedes estar en tus relaciones. Cómo sostienes a los que amas en medio del conflicto. Cómo tomas la responsabilidad por tu parte. Cómo haces las paces.
Quiero saber que puedes aparecer y hacer las cosas duras y santas en esta magníficamente desordenada Tierra. Quiero ver que puedes ser sincero, castigado y compasivo tan igual como eres empoderado, ardiente y magnético. Quiero saber que incluso durante tus logros, puedes dar un paso atrás y ser lo suficientemente humilde como para seguir siendo un estudiante.
Lo que es hermoso, sexy y auténtico es lo bien que puedes seguir celebrando a los demás sin importar lo avanzado que te hayas vuelto. Lo que realmente es halagador es cuánto puedes dar a pesar de lo lleno que te has hecho a ti mismo. Lo que es honestamente valioso es lo jodidamente mejor de un humano que puedes ser, en un mundo que está a lo alto del materialismo espiritual y saltando la próxima cabra de escape para la "libertad."
Al final del día no me importa lo valiente que seas. Qué productivo, qué popular, qué iluminado eres. Al final del día, quiero saber que fuiste amable. Que eras real. Quiero saber que puedes bajar del pedestal de vez en cuando para besar la tierra y dejar que tu cabello se ensucie y tus pies se embarren, y unirte al baile con todos nosotros."

- Una llamada moderna al cambio del consumismo espiritual a volver a la humanidad... corazón inspirado en Oriah Mountain Dreamer, The Invitation, por Taylor Rose Godfrey
-Tomado del muro de Jasmine Nalaya.