domingo, 14 de febrero de 2021

EL PRIMER BESO.

 


Yo ya me despedía.... y palpitante

cerca mi labio de tus labios rojos,

«Hasta mañana», susurraste;

yo te miré a los ojos un instante

y tú cerraste sin pensar los ojos

y te di el primer beso: alcé la frente

iluminado por mi dicha cierta.

Salí a la calle alborozadamente

mientras tú te asomabas a la puerta

mirándome encendida y sonriente.

Volví la cara en dulce arrobamiento,

y sin dejarte de mirar siquiera,

salté a un tranvía en raudo movimiento;

y me quedé mirándote un momento

y sonriendo con el alma entera,

y aún más te sonreí... Y en el tranvía

a un ansioso, sarcástico y curioso,

que nos miró a los dos con ironía,

le dije poniéndome dichoso:

«Perdóneme, Señor esta alegría.»

Amado Nervo.

 

MIS AMIGOS.

 


"Mis amigos son todos así: Mitad locura, otra mitad santidad. No los escojo por la piel sino por la pupila, que ha de tener un brillo cuestionador y una tonalidad inquietante. Escojo a mis amigos por la cara lavada y el alma expuesta. No quiero sólo el hombro o el regazo, quiero también su mayor alegría. El amigo que no sabe reír conmigo, no sabe sufrir conmigo.

Mis amigos son todos así: Mitad bromas, mitad seriedad. No quiero risas previsibles, ni llantos piadosos. Quiero amigos serios de esos que hacen de la realidad su fuente de aprendizaje, pero que luchan para que la fantasía no desaparezca.

No quiero amigos adultos ni comunes. Los quiero mitad infancia y mitad vejez. Niños para que no se olviden del valor del viento en el rostro, y ancianos para que nunca tengan prisa.

Tengo amigos para saber mejor quién soy yo, pues viéndolos locos, bromistas y serios, niños y ancianos nunca me olvidaré de que la normalidad es una ilusión estéril”

Fernando Pessoa.

 

 

 

sábado, 23 de enero de 2021

UNA PALABRA DE AMOR.


“Una sola palabra dicha con amor a un niño, lanzada con amor a la diana de su corazón infantil, puede curar un infinito número de futuros”
Jesús Montiel.

miércoles, 20 de enero de 2021

CORAJE.

 


“La valentía de sentir esto

de contar esto

de estar viva

intentando aprender

lecciones imposibles de enseñar”

Adrienne Rich.

SOLEDAD.

 


Soledad no es falta de gente para conversar, amar,

pasear o tener sexo.

Eso es carencia.

Soledad no es el sentimiento que experimentamos por la ausencia de

seres queridos que no pueden volver más.

Eso es melancolía.

Soledad no es el retiro voluntario que la gente, a veces,

se impone para rearmar sus pensamientos.

Eso es equilibrio.

Soledad no es el claustro involuntario que el destino nos impone compulsivamente para que reveamos nuestra vida.

Eso es un principio de la naturaleza.

Soledad no es el vacío de gente a nuestro lado.

Eso es circunstancia.

Soledad es mucho más que eso.

Soledad es cuando nos perdemos de nosotros mismos y procuramos en vano por nuestra alma.

 Chico Buarque (Francisco Buarque de Holanda)

 

lunes, 18 de enero de 2021

LA HABANA.

 



La Habana, un día despertará de su largo sueño, se arrancará con desdén consignas y carteles, se sacudirá el pelo al viento y con ese andar seguro de mujer que se sabe hermosa, marchará al encuentro de los siglos y de nosotros. 

No hará preguntas, se sabe dueña de todas las respuestas. Alguien curioso, le dirá, es cierto que hubo un tiempo que anduviste sucia, mal vestida, casi viviendo de limosnas? 

Sonreirá con picardía y dirá: sabes?, no me acuerdo. 

Refrescará sus pies en la espuma de las olas que rompen junto a ella y seguirá indetenible, conquistando sueños guardados. 

Ciudad alucinante, mi ciudad, nuestra!

José Iturriaga.

SALIR A CAMINAR.


A Aristóteles le gustaba caminar dando clases, por eso fundó la escuela de los peripatéticos, que significa “itinerantes” o “ambulantes”. Caminar le permitía pensar.

Kant salía a caminar todos los días a la misma hora, hacía el mismo recorrido siempre, sin importar el clima. En una oportunidad se distrajo leyendo al Emilio de Rousseau y, quienes lo veían pasar a diario, se preocuparon seriamente por su salud. Para él caminar era un ritual.

Las caminatas de Nietzsche eran diferentes, comenzaban de una manera tan intempestiva como sus ideas. Podían durar minutos o llegar hasta las ocho horas porque, según decía, hay pensamientos que solo se pueden tener en soledad y a seis mil pies de las montañas. Decía que no había que creer en ningún pensamiento que no hubiera surgido al aire libre. Salir a caminar para él no era una distracción, era parte de su acto de escribir.

Arthur Rimbaud no se definía como un poeta, sino como un peatón. Se mantuvo deambulando toda su vida. A pie, siempre a pie. Para él resultaba imposible quedarse quieto, hasta que su rodilla se inflamó y tuvieron que amputarle la pierna. Sus últimas palabras fueron: “Deprisa, nos esperan”. Caminar era una forma de dejar atrás, de huída.

Ray Bradbury, al contrario que muchos humanos, prefería caminar los días de viento y de lluvia, salir a disfrutar del hermoso mal tiempo sin paraguas, para mojarse, era una forma de sentirse vivo.

Yo prefiero caminar de noche, sin las presiones que trae el día, distraídamente, por donde sea, dejando que las ideas caigan cual hojas en el otoño, como asociando libremente. Pero cada tanto aparece ella en mi cabeza. No estoy segura si siempre me acompaña, o si es mi camino.

LxA