jueves, 17 de septiembre de 2020

LOS COBARDES.

Pintura: "El duelo a muerte de los cobardes"
Autor: Carlos Santiago.

Y si sobre los cobardes no se ha escrito nada se va a escribir ahora. Y se va a escribir por ejemplo que soy cobarde. Tan cobarde que ayer no lo pudiera haber escrito. Esto es un arranque de valor, un instante de relativa lucidez, y si me da vergüenza es por la cobardía de no haberlo gritado antes. Los engañé a todos. Les hice creer un cuento y era otro. Y si me da vergüenza es porque nunca me engañé yo mismo, siempre tuve conciencia de mis disfraces, con ellos evadí infinitos campos de batallas y seguí recibiendo las mismas ganancias que en la Victoria. Que nadie me perdone ni me diga lo que tengo que hacer (…) Lo peor de todo era escribirlo, y ya está escrito. 

Alberto Rodríguez Tosca.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

ALGO SOBRE MI MADRE.

"Algo sobre mi madre"
Mi madre fue una mujer muy contrastante. De un carácter severo y no muchas palabras, solía citar muchos proverbios, frases e historias aprendidas de su abuela. Jamás se tiñó el cabello ni usó joyas, y mucho menos se maquillaba. Amaba la buena mesa, jamás se detuvo en hacer media dieta. Éso sí, le encantaba la violeta y el talco, oler bien era su predilección.
Nunca aprendió a bailar pero en casa jamás faltaron las melodías de Nocturno y Radio Enciclopedia. No cursó nunca elevados estudios, pero tenía una letra y una ortografía impecables. Siendo yo alumna de preuniversitario logró ella con muchísimo esfuerzo alcanzar el noveno grado en la facultad obrero campesina y lo mas curioso es que en algún momento que no logro precisar empezó a leer, hábito que no abandonó hasta su muerte.
Finalmente en sus últimos años andaba con una tableta electrónica en la cual jugaba a resolver crucigramas, sudoku y todo tipo de juegos instructivos. Se hizo una experta en aquello y sorprendía a no pocos por su destreza con esta tecnología y confieso que muchas veces me atrapó en alguno de esos juegos que resultaban ser verdaderamente desafiantes. Nunca pude ganarle uno.
Solo después que ya no estuvo es que me he percatado que su vida estuvo plagada de esa sabiduría natural que emana del arsenal antiquísimo que yace inadvertido al calor del fuego de la cocina de casa, allí donde las abuelas cuecen recetas, remedios, y fraguan ese cúmulo de conocimientos que luego trasmiten hasta sin darse cuenta a todas las que les sucedemos. Mi madre me contaba que su abuela decía que “para sufrir había que comer” y que "las lágrimas hay que reservarlas para cuando algo valga la pena, para luego poder ver mas claro y seguir adelante” y que de haber sido por su abuela, ella se habría llamado Lucía. -“ Lo que mi padre nunca lo permitió, y me puso Martha, por lo del santoral” -solía decir no sin cierta tristeza.
Años después me he tropezado con una foto que guardo con sumo y estricto cuidado. Es un fragmento de un libro y aún cuando he buscado hasta el agotamiento, no he conseguido dar con el título. Dudo mucho que mi madre alguna vez lo hubiera leído porque entonces sí sabría yo de qué libro se trata. Ya sabrán porqué digo esto cuando vean la foto. Entonces solo me conformo en regodearme con la ilusión de mi madre y mi bisabuela conversando. Cualquier coincidencia…

sábado, 12 de septiembre de 2020

ORDENANZA.


Pintura: "Corazón del alma"
Autor: Víctor Pérez H.

Para entrar en el alma de alguien debería ser obligatorio presentar el corazón; quitarse los zapatos y andar despacio, de puntillas; estar dispuestos a escuchar la sutil melodía del silencio; aprender a mirar con los ojos cerrados; tocar suave y despacio todos los rincones sin desordenar, sin ensuciar; y nunca, jamás salir dando portazos que rompan los cristales… hay lugares sagrados que merecen ser respetados.

viernes, 11 de septiembre de 2020

CERTEZA.


 ...Y al final, la certeza: somos seres finitos… ese reconocerse en tormentas con las que batallamos un día sí y otro también, haciendo equilibrio sobre esa cuerda floja imaginaria y fragmentada que es la vida, sobre la que caminamos de puntillas.

CONSEJO DE UNA VIEJA ENAMORADA.


 A un joven enamorado mi consejo de vieja enamorada también:
Guarde los jugos de su corazón para uno o dos grandes amores que le beban la vida. No se desmenuce en aventuras. Cuando se dé, dése bien. Como cuando se pasa en tren, mirando cien paisajes, no se queda la gloria de ninguno de ellos estampada en las retinas. Cuando la vida se pierde en amoríos breves e insípidos se ha de llegar a la vejez sin llevar un gran recuerdo —pan deleitoso— que la llene, y la entibie, y la libre del hambre espiritual. Un grande amor es una cumbre ardida de sol. Las esencias más intensas y terribles de la vida se beben en él. El que quiso así, no pasó en vano por los caminos de los hombres. Hay algo peor que la mujer impura, y es la insípida. Húyala.
Gabriela Mistral.

martes, 8 de septiembre de 2020

DEJA.


"Deja...
Deja que las cosas se rompan, deja de esforzarte por mantenerlas pegadas.
Deja que la gente se enfade.
Deja que te critiquen, su reacción no es tu problema.
Deja que todo se derrumbe, y no te preocupes por el después.
¿A dónde iré?
¿Qué voy a hacer?
Nadie se ha perdido nunca por el camino, nadie se quedó sin refugio.
Lo que está destinado a irse, se irá de todos modos.
Lo que tenga que quedarse, seguirá siendo.
Demasiado esfuerzo nunca es buena señal, demasiado esfuerzo es signo de conflicto con el universo.
Trabajo, casa, relaciones, amigos, todo!
Entrega todo a la Tierra y al Cielo, riega cuando puedas, haz oración y baila; pero luego, deja que florezca lo que debe y que las hojas secas se arranquen solas.
Lo que se va, siempre deja espacio para algo nuevo. Son las leyes universales.
Y nunca pienses que ya no hay nada bueno para ti, sólo tienes que dejar de contener lo que hay que dejar ir.
Sólo cuando tu viaje termine, terminarán las posibilidades; pero hasta ese momento: deja que todo se derrumbe, deja ir, déjalo ser."
Mel Laara.

viernes, 4 de septiembre de 2020

QUIÉN ERES?


Tú no eres tu apellido, tu color de ojos o piel. No eres el colegio al que tuviste el privilegio de ir, tu título universitario, tu "éxito laboral", ni el cargo que tengas donde trabajas. No eres el auto que manejas, ni la casa donde vives; no eres tus viajes, todo lo que te compras, ni tu dinero. No eres la "imagen o status" que quieres demostrar. No eres con quien te casaste, ni los "estándares sociales" que sigues. Nada de eso te hace mejor que nadie, porque nada de eso habla de quién eres tú en verdad...
Tú eres *la amabilidad* que expresas al hablar, *el perdón* que otorgas cuando te ofenden y *la empatía sincera* que tengas ante cualquiera que pasa por un difícil momento.
Eres *la generosidad* que tengas al compartir lo que no te sobra con otro, eres *la tolerancia* ante alguien que te impacienta y *la humildad* de no hacer sentir a otros menos que tú.
Eres *la inclusión* al no discriminar a otros por sus gustos, costumbres o posición, eres *la gentileza* que tengas hacia otro que no pueda hacer nada por ti.
Eres *la bondad* que muestres ante un niño, un adulto mayor o una mascota.
Eres *la inteligencia emocional* que proyectas al pensar antes de hablar para no herir a otros.
Eres *la sonrisa que le brindas al desconocido* que pasa a tu lado caminando o *el abrazo honesto* que compartes con otro ser humano.
Eres *la madurez* y consecuencia con la que llevas la vida, en lo que dices y en lo que haces.
Eres *la sinceridad* cuando miras al otro a los ojos y le dices te amo, no por inercia sino sabiendo todo lo que amar de verdad significa.
Eres *la fortaleza* que has construido, *la bondad* que obsequias, la forma en que en plena conciencia percibes la vida, tu vida.